Capacitación

Branding para emprendedores

En algún momento, todos los emprendedores nos preguntamos qué podemos hacer para crecer con nuestro negocio. Es natural: sabemos hacer algo, sabemos que ese algo puede ayudar o servir a otros, lo probamos, ¡funciona! El siguiente paso probablemente sea ingresar al mundo del marketing… este universo de conceptos, herramientas, prácticas, de las más variadas formas y colores… y la mitad de ellos ¡están en inglés! Suenan inalcanzables…

Es hora de perder el miedo. Y coraje es algo que a los emprendedores no nos falta. Por suerte, son muchas las personas en el mundo que han sabido apropiarse de esos conceptos y reformularlos de manera que sean totalmente aplicables para quienes (aún) somos pequeños.

Por ejemplo, hablemos sobre branding. Es uno de los términos más difundidos hoy (por ejemplo, desde las plataformas publicitarias de Google se proponen “campañas de branding” como alternativas de pautado) y los especialistas en el tema coinciden en que no siempre se comprende el alcance real de su significado.

Branding proviene de “brand”, inglés para “marca”. De allí que brand-ing se entienda como la gestión integral de los múltiples y diversos aspectos que componen la marca de una empresa o de un producto: el nombre, su historia, su identidad profunda, la identidad gráfica, la reputación, lo que nuestros colaboradores comentan, la suma de experiencias de los usuarios. En definitiva, todas las variables que generan en la mente de nuestros públicos la idea de quiénes somos, qué hacemos y cómo lo hacemos. Los atributos diferenciales que motivan a una persona a elegir nuestra marca por sobre las competidoras, a pagar el precio que nosotros establezcamos, a recomendarnos, a convertirse en nuestros voceros y aliados. (O, en el sentido más negativo, a rechazarnos sistemáticamente y fomentar ese rechazo a nivel social.)

Esta suma de atributos no debe ser librada al azar. Si queremos crecer con nuestros emprendimientos, no basta con tener un buen producto o brindar un buen servicio. Es necesario poner en marcha mecanismos de gestión concretos, planificados, que potencien nuestra marca a través de una experiencia definitivamente positiva del usuario.

De alguna manera, todas las organizaciones -gigantes, grandes, medianas, pequeñas o micro- hacen branding, desde el momento en que a través de sus productos o servicios generan una imagen de marca en la mente de un receptor. Sólo que muchas no lo saben, o no lo hacen de manera consciente. Entonces, ¿no sería mejor tomar conciencia?

Por eso, a partir de hoy, hablemos y trabajemos sobre branding. Entender el concepto es el punto de partida para fortalecer nuestras marcas. Es posible alcanzar una gestión profesional de branding sin incurrir en costos exagerados, solo apuntando los esfuerzos que ya hacemos en la dirección correcta, a través de un plan cuidado y una gestión ordenada. Los beneficios, sin dudas, no tardarán en sorprendernos.

Capacitación

De la identidad a la imagen

Uno de las nociones fundamentales para entender la comunicación empresarial es la de imagen.

Pero… ¿qué es lo que queremos decir con “imagen institucional”? ¿Es lo que somos, lo que queremos ser? ¿Nuestro logo, nuestros colores, la fachada de nuestro local?

No exactamente.

La imagen de nuestra empresa, de hecho, está fuera de nosotros. Está en nuestros clientes, en las personas que ven nuestros anuncios, en los vecinos que todos los días nos saludan, en la comunidad en general.

La imagen, sin embargo, se construye a partir de dos elementos que sí nos pertenecen: nuestra realidad y nuestra identidad.

La realidad institucional es lo que nuestra empresa es: la entidad jurídica, el rubro, la infraestructura, nuestra realidad económica – financiera, la organización de nuestros recursos humanos.

La identidad institucional es lo que nuestra empresa define que es: nuestra identificación visual (identidad sensorial) y nuestra tríada misión – visión – valores (identidad profunda).

La identidad sensorial incluye:

– El nombre de la empresa y de sus diferentes marcas / productos.

– El isotipo / logotipo / isologotipo.

– Los colores corporativos.

Se aplica en diferentes soportes: instalaciones, indumentaria, vehículos, envases y embalajes, papelería, merchandising, etc.

También, por supuesto, se refleja en los mensajes que nuestra empresa emite a través de diversos canales, desde un anuncio en un diario hasta un cartel en la vía pública, desde una cuña radial hasta un anuncio en sitios web o un posteo en redes sociales.

Finalmente, y regresando al tema de esta nota, debemos entender que la imagen institucional es un concepto variable, que cada persona construye a partir de los estímulos que recibe no solamente de nuestra parte, sino también desde otros actores de la sociedad.

Por eso, todas las acciones de comunicación que llevemos adelante deben apuntar a acortar la brecha entre la identidad (lo que queremos comunicar) y la imagen (lo que los públicos perciben).

Recordemos: todo comunica; por lo que todas las acciones deben estar coordinadas, para lograr una imagen institucional coherente y unificada.

¡Hasta la próxima nota!

Fuente de consulta:

Adriana Amado Suárez y Carlos Castro Zuñeda, Comunicaciones Públicas.